El Crimen de Raul Cacho Espinosa

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Anónimo
Invitado

A fines de noviembre, Juan Álvarez Castellano –el primogénito de Juan Álvarez Cornejo, enemistado con su padre y amigo de Espinosa- describió frente a un notario (escribano) detalladamente como su padre le había “comprado” a la todavía esposa legal de Espinosa, Alicia Martínez, su juicio de divorcio, a cambio de una mensualidad permanente de 3.800 dólares.
En el escrito, Juan Álvarez Castellano, tras explicar que dicha maniobra le permitía a su padre además de “manejar el tema del divorcio… tener acceso a información absolutamente reservada” de la pesquera San Isidro” y que había informado de ello a Espinosa, advirtió que “la acción aquí comentada puede tener consecuencias impredecibles”.
A principios de diciembre, Espinosa viajó a España donde se reunió con Juan y con su hermano menor, Antonio. Tanto Juan Alvarez Castellano como Antonio Alvarez Castellano advirtieron a Cacho Espinosa que tenían conocimiento de que su padre estaba intentando matarlo desde hacia años atrás.
A instancias suya, Juan formalizó una nueva acta notarial en la que advirtió respecto a su padre que “los deberes de asistencia económica con mi madre no los está cumpliendo en absoluto, y tal actitud miserable de involucrarse en un tema tan privado como es la familia, donde estén por medio los hijos del Sr. Espinosa, incluyendo una menor, se puede entender porque, evidentemente, es público y manifiesto el rencor que mi padre siente por el Sr. Espinosa.”
Del mismo modo, Antonio redactó una larga y dolida carta a su padre en la cual le reprochó un rosario de humillaciones; lo acusó de déspota y de mantener conexiones “mafiosas” . En cuanto a Fernando, el presidente de Conarpesa,afirmo que procuraba ser obsecuente y hacerse “el machote”, era comprobadamente homosexual y “escatólogo”, puesto que en la niñez le había pedido que lo sodomizara. “Es un enfermo avaricioso… le gusta que le den por culo”, decía allí sin ambagues. Antonio Álvarez Castellano le envió esta carta a su padre como fax certificado (burofax) y le entregó una copia a Espinosa.
Mientras tanto, éste, ni lerdo ni perezoso, consiguió copia de la condena a dos años de prisión en suspenso contra Juan Álvarez Cornejo y Fernando Álvarez Castellano, dictada en 1992 por un tribunal de Valencia por haberse apropiado ilegalmente –hurtado- una partida de 1300 toneladas de pescado y mariscos que un empresario les había dado en consignación para que guardasen en sus cámaras frigoríficas abonándoles el correspondiente canon, episodio que, según periodistas de Madryn, le habría costado la vida al intermediario.
Seguidamente, Cacho Espinosa repartió copias de los cuatro documentos reseñados entre empresarios pesqueros de Mercabarna (el mercado concentrador de Barcelona) y de la feria de Vigo, Galicia.
En el expediente judicial hay testimonios acerca de que, en el ínterin, Juan Álvarez Cornejo se preocupó por averiguar en qué hotel de Barcelona estaba parando Cacho, quien regresó a Buenos Aires el 24 de diciembre para pasar la Nochebuena con su amada Lorena.
Espinosa y su mujer pasaron las fiestas en Buenos Aires, lapso en el que Cacho se entretuvo en distribuir copias de aquellos documentos entre más empresarios pesqueros.

Para entonces, según surge del expediente judicial, ya se había puesto en marcha el engranaje que 25 días después habría de arrancarle la vida.

Apreciaciones coincidentes
Un directivo de la Pesquera San Isidro, Carlos Alberto Rocca, declaró en sede judicial que según las conversaciones que tuvo con Cacho Espinosa poco antes de su muerte, la difusión entre empresarios pesqueros españoles por parte de Cacho de la sentencia que había condenado a Juan Álvarez Cornejo y a su hijo Fernando Álvarez Castellano a dos años de prisión en suspenso, más la divulgación de la carta certificada (burofax) que Antonio Álvarez Castellano le había escrito a su padre, “originaron la ira o el descontrol de padre e hijo, pudiendo tener relación o vinculación con el desenlace…”.
Del mismo modo, Carlos Mayo, empleado de dicha pesquera y amigo personal del asesinado desde hace 35 años, reflexionó: “Yo lo conversé con Cacho. En el famoso eurofax (la carta de Antonio Álvarez Castellano a su padre) aparecen declaraciones fuertes, muy fuertes, sobre la sexualidad de Fernando. Es un tema familiar entre los hermanos. Un tema demasiado delicado. Y Cacho lo hizo público, no sólo acá, en la Argentina, sino también en un simposio de pesca que hubo en España… Para mi ese fue el fósforo que prendió la mecha.
En el esclarecimiento de este crimen también está en juego aclarar si en Madryn podremos vivir tranquilos y en libertad o si en Madryn puede haber mafias que condicionen a sus habitantes, mafias que intenten condicionarnos o controlarnos a todos. Esto es de una gravedad que supera el caso Espinosa en sí mismo y que el juez Jorge Luque deberá analizar a la hora de actuar frente a una comunidad que lo ha cuestionado y lo vio seriamente cuestionado en el año pasado por el caso de la prostitución infantil

[Anonymously Posted by: ‘An%f3nimo’]

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