Con gigantografías, un televisor y los sonidos de la naturaleza, el Museo Oceanográfico de Puerto Madryn ahora ofrece una sala temática sobre orcas. La inauguración se realizó ayer y en el acto la Corporación Mitsubishi premió al guardafauna Roberto Bubas, por su monitoreo de la población de orcas en Península Valdés y su investigación sobre las estrategias de caza.
«Es una pequeña parte del sueño cumplido, cualquier investigador tiene la tarea de difundir, porque si no el trabajo queda en papers o en las alturas académicas y no le baja a la gente que se sensibiliza, cuida y construye lo que el hombre ha destruido», señaló Bubas.
«El eje de la muestra es el patrimonio natural y cultural», agregó. «Las orcas de Valdés no sólo son importantes desde un punto de vista biológico porque son muy poquitas, sino porque el varamiento intencional es único en el mundo. Y no son todas. De las 30, sólo 7 lo hacen y en 5 recae la responsabilidad de enseñarle a la progenia. Es un comportamiento en riesgo de desaparecer, que tenemos que cuidar».
Para el investigador, esta conducta podría estar ligada con las matanzas de lobos marinos realizadas por la familia Machinea durante el siglo pasado: «Mi teoría es que este comportamiento comienza entre 1930 y 1950, cuando empiezan a varar por una cuestión de supervivencia. La matanza de lobos fue entre 1917 y 1953, cuando se mataron cientos de miles de lobos». Sus cálculos indican que antes de estas matanzas podrían haber existido más de 70 orcas en la zona, población que disminuyó drásticamente por la falta de presas y cuyos sobrevivientes tuvieron que ingeniárselas para cazar con una técnica propia: el varamiento intencional en busca de lobitos en la orilla, que luego transmitieron de generación en generación.
DESDE EL LAPIZ Y PAPEL
Bubas comenzó a analizar la población de orcas hace 15 años. «Con un lápiz y un papel, dibujaba las aletas para identificarlas», recordó ayer. Se hizo famoso cuando su foto en el agua tocándole la armónica a las orcas dio vuelta al mundo. Pero las investigaciones las costeó siempre de su bolsillo y las fotos de sus catálogos fueron logradas con equipos modestos.
El aporte de la Corporación Mitsubishi –que se concreta a través de la Fundación Iara- para el trabajo de Bubas es de 72 mil dólares. Ayer el investigador recibió las llaves de una camioneta. Y seguirá su trabajo con buenas lentes y una computadora de última generación. «Voy a seguir trabajando como hasta ahora, pero con medios», sintetizó.
Durante la inauguración formal (que contó con la presencia de funcionarios provinciales, autoridades de la Mitsubishi y la Fundación Iara) también hubo un reconocimiento para doña Blanca Vera, quien en diciembre de 1990 alertó sobre el varamiento de dos orcas en Punta Norte y su hijo –el guardafauna Roberto García Vera- montó el operativo para salvarlas. Eran dos de las cinco orcas que les enseñan el varamiento a sus descendientes. Y con ese salvataje, la técnica del varamiento intencional siguió reproduciéndose.
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